Corta el hojaldre en cuadrados con un cortapizzas.
En cada cuadrado, marca un borde interior con un cuchillo y pincha el centro con un tenedor para que solo suban los bordes.
Pinta con huevo batido y espolvorea un poquito de azúcar moreno o miel de caña para potenciar el contraste dulce-salado.
Coloca láminas finas de pera. Cuanto más finas, más delicado será el resultado.
Añade los quesos trufados (en mi caso, oveja y Camembert). Si no los tenéis trufados, podéis añadir unas gotas de aceite o salsa de trufa sobre el queso.
Hornea a 180 °C durante 10–15 minutos, hasta que el hojaldre esté dorado y crujiente.
Ralla un poco de trufa negra fresca sobre cada hojaldre al sacarlos del horno, o añade un toque extra de salsa trufada.
¡Y listo! Tenéis unos hojaldres doraditos, crujientes por fuera y fundentes por dentro que van a enamorar a cualquiera.