Sal, una pizca de azúcar y aceite de oliva virgen extra
Instrucciones
Preparar la salsa de tomate:En un cazo, pon un chorrito de aceite de oliva y añade el tomate triturado, una pizca de sal, una cucharadita de azúcar y unas hojas de albahaca. Cocina a fuego suave durante unos 40-45 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que reduzca y tenga un sabor concentrado. Esta base marcará la diferencia.
Cocinar los calabacines:Lava los calabacines y córtalos en rodajas finas (puedes usar una mandolina). Cocina las láminas en una sartén o plancha con unas gotas de aceite hasta que estén doradas por ambos lados.
Montar las capas:Precalienta el horno a 200 °C. En una fuente, coloca una primera capa de calabacín, luego salsa de tomate, un poco de parmesano y unas lonchas de emmental. Repite las capas hasta llenar la fuente, terminando con queso rallado.
Añadir el toque final:Bate los huevos y vierte unas cucharadas sobre la superficie. Esto ayudará a que el gratinado quede más compacto y con ese color dorado irresistible.
Hornear:Introduce la fuente en el horno durante unos 30-40 minutos, hasta que veas que la superficie está dorada y burbujeante. Déjalo reposar unos minutos antes de servir para que mantenga su forma al cortarlo.
Notas
💡 Consejo: puedes sustituir parte del tomate por salsa casera o passata italiana. Si prefieres una versión más cremosa, añade un poco de mozzarella fresca entre capas.